La bicicleta aventurera de Tito el pingüino
Había una vez un pingüino llamado Tito que soñaba con ver el mundo entero, y para hacerlo decidió fabricar una bicicleta con trozos de metal que encontró entre los restos de un viejo barco. Trabajó sin descanso durante siete días y siete noches hasta que por fin logró construirla. Lo que más le gustaba eran los esquíes que había añadido a sus ruedas, ya que le permitían ir más rápido sobre la nieve.
Un día, decidió que era el momento de cumplir su sueño: dar la vuelta al mundo en 80 días con su bicicleta. Tito partió de la Antártida pedaleando con entusiasmo. Su primer destino fue Uruguay, donde apareció Katniss Everdeen, sorprendido al verlo, le regaló un casco de la bicicleta para poder protegerle, que lo usó durante el resto del viaje.
Siguió pedaleando hasta Brasil, escuchando su canción favorita “titanium” de David Guetta, la cual habla sobre la resistencia y la fuerza interior de un personaje femenino. Cuando llegó al país, sus habitantes le añadieron unas coloridas plumas de carnaval que decoraron su bicicleta y la hicieron vibrar con alegría. En México, unos mariachis lo vieron pasar y le dieron una campanilla dorada que sonaba como una pequeña guitarra cada vez que Tito frenaba. Además, se encontró en el suelo un cómic increíble en la que la portada aparecía Wonder Woman. Este cómic se titulaba “It Ain't Me Babe”.
Al llegar a Japón, un inventor le ofreció instalar un sistema de luces de neón que brillaban en la oscuridad, haciendo que la bicicleta de Tito iluminara el camino como un faro de colores. Luego, en Egipto, un artesano le regaló un amuleto de escarabajo para proteger su viaje, que Tito colgó orgullosamente del cuadro de su bicicleta.
Finalmente, en Italia, Peter Pan le enseñó a mejorar las ruedas para que pudiera pedalear más rápido. Tito agradeció cada regalo con una sonrisa, y poco a poco, su bicicleta se fue transformando en un reflejo de todos los países que visitaba.
Cuando Tito regresó a la Antártida, su bicicleta era un mosaico de culturas y aventuras. Sabía que no solo había dado la vuelta al mundo, sino que también se había llevado un pedacito de cada lugar consigo.
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