Un destello de magia
Era un miércoles cualquiera, pero Clara sentía algo raro. Tenía un presentimiento que nunca antes había tenido, como si algo estuviese a punto de pasar, pero miraba alrededor y todo seguía como siempre, el cielo igual de azul, las casas igual que todos los días y el viento suave y tranquilo. Clara estaba mirando tranquila por la venta la puesta de sol, observando como el cielo poco a poco se teñía de naranja, y fue ahí cuando sintió que tenía que cerrar los ojos.Se imaginó escapando de su rutina y dejando atrás todo lo cotidiano. Lo que más necesitaba en ese momento era vivir una aventura, algo que le hiciera sentir diferente. Y esta vez, su imaginación se sintió tan real que le pareció estar viviendo lo que pensaba.
De repente, un golpe en la ventana la sacó de su sueño. Saltó de la cama y su corazón empezó a acelerarse. Al acercarse a ella, vio que no era nada más que una rama del árbol, pero lo más extraño fue lo que vino después. Al abrirla, un sonido suave, como el tintineo de una campana, empezó a escucharse a lo lejos. Algo en el aire era diferente. Se giró y ahí, frente a ella, estaban dos mujeres que no había visto antes, pero que, de alguna manera, ya conocía.
Una de ellas era alta, con un sombrero y un paraguas negro en la mano. Parecía alguien que no pertenecía a esta época. La otra, en cambio, vestía completamente de negro, y su cara estaba marcada por una gran verruga en la barbilla, lo que le daba un poco de miedo a Clara. "Buenas tardes", dijo la mujer del sombrero con una voz tranquila. "Estamos aquí porque creemos que ha llegado el momento de que descubras algo muy importante". Clara, sin saber por qué, no les preguntó quiénes eran, fue como si ya lo supiera.
"¿A dónde vamos?" fue lo único que pudo decir, aún un poco asustada. La mujer vestida de negro le sonrió. "Eso lo decidirás tú", le contestó, con un tono un tanto misterioso. Y entonces, la mujer del sombrero agitó su paraguas y, como si el mundo hubiese cambiado en un instante, todo desapareció. El suelo dejó de existir, y cuando Clara se dio cuenta, ya estaba flotando, sobrevolando un paisaje irreal. Era fascinante, parecía sacado de un cuento de hadas.
Mientras volaba, Clara sentía una libertad que nunca antes había sentido. El viento en su cara, la sensación de flotar en el aire... todo era tan diferente... De repente, a lo lejos, pudo ver una isla. Desde allí, se escuchaban risas de niños y una melodía que le sonaba muy familiar, aunque no podía recordar de dónde. Al acercarse, un chico apareció volando junto a ella. "¿Es tu primera vez aquí?", le preguntó. Clara asintió, aún sin poder hablar de lo sorprendida que estaba. "Este lugar es único", continuó. "Aquí no creces, no hay reglas ni preocupaciones. Solo diversión".
"¿Quién eres?", le preguntó finalmente Clara. "Soy Peter Pan", respondió él, como si eso lo explicara todo. Clara sonrió, aunque en el fondo sabía que, aunque el lugar era fantástico, no querría quedarse allí para siempre. A su alrededor, dos destellos de luz verde y rosa comenzaron a volar alrededor de Clara. "No les hagas caso", intervino la mujer de negro. "Cosmo y Wanda siempre están causando problemas, pero lo cierto es que siempre estarán ahí para ayudarte cuando lo necesites".
El tiempo pasó volando, y antes de que pudiera darse cuenta, la isla quedaba atrás. Clara seguía flotando, pero de pronto, el paisaje comenzó a quedarse atrás. El mundo mágico en el que había estado desaparecía poco a poco, y de repente, abrió los ojos y estaba de nuevo en su habitación. Todo parecía igual, como si nada hubiera pasado. Pero sabía que algo dentro de ella había cambiado. Ya no era la misma, una chispa de magia había nacido.
Clara sonrió. El mundo real podía ser monótono y predecible, pero lo que había descubierto era que la magia existía. Podía llegar en cualquier momento, cuando menos lo esperara, y llevarla a lugares donde todo, absolutamente todo, era posible.
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