lunes, 27 de octubre de 2025

CRelato, 9Vetusta Morla, IIIMiras, Los Mancos

 Relato: El otro lado del espejo


Había una vez, en una habitación iluminada por la tarde, una niña rubia que tenía una caja de madera sobre su mesa y un espejo pequeñito frente a ella. Le encantaba mirarse en él, jugar con su reflejo. Un día, estuvo tanto tiempo contemplando su rostro que, sin saber cómo, traspasó el espejo, apareció en un mundo distinto, donde un camino amarillo se perdía entre colinas enormes que parecian caparazones inmensos de tortugas. Decidió seguirlo, con la esperanza de encontrar el camino de regreso a casa.

Siguió andando, con el corazón latiendo rápido y una mezcla de miedo y asombro en la mirada. A su alrededor, el aire parecía vibrar con una música de Vetusta Morla, el grupo que solía sonar en su cuarto a todo volumen. A lo lejos, distinguió una figura diminuta, encorvada, envuelta en un manto de hojas secas. Era una anciana de ojos brillantes, la misma que la abuela Tala  (la sabia de Vaiana)  habría podido ser si habitara en ese mundo de espejos y reflejos torcidos.

—Has cruzado al otro lado, pequeña —dijo la mujer con voz serena—. No todos los que se miran se atreven a verse.

La niña no entendió del todo, pero asintió. La anciana le tendió un colgante en forma de espiral, que brillaba suavemente.

—Te guiará hacia la sombra que busca la luz —susurró—. Pero ten cuidado: los espejos no solo reflejan lo que eres… también lo que temes ser.

Antes de que pudiera preguntar nada, la anciana se desvaneció como una manta raya adentrándose en el mar y en su lugar apareció un pequeño ser verde, de orejas puntiagudas y andar pausado llamado Yoda.

—El miedo, conocerlo debes —dijo el extraño ser, –Solo cuando dentro de ti halles calma, el camino verás.

La niña, sin comprender del todo, siguió caminando. A medida que avanzaba, el camino se curvaba, retorciéndose como si se burlara de su orientación. Era como un tablero de ajedrez de Alicia, donde nada obedecía las leyes del mundo real. Los relojes flotaban en el aire recordando que su tiempo para volver a casa estaba acabando y una sombra negra de figura humana le seguía a lo lejos. 

Cuando por fin llegó a una ciudad, descubrió un edificio enorme: una biblioteca sin fin. En la puerta, un cartel rezaba: “El Cementerio de los Espejos Olvidados”. Dentro, el aire olía a papel viejo y a promesas incumplidas, como en La sombra del viento.

Un hombre de mirada melancólica la esperaba entre los estantes.

—Aquí vienen las historias que nadie recuerda —le dijo—. Y los reflejos que olvidan su nombre.

La niña comprendió entonces que no debía buscar la salida, sino a su otra versión: la que se había quedado atrapada en el espejo.

Con el colgante brillando en su pecho, se adentró entre los libros, decidida a encontrarse a sí misma, aunque eso significara perderse del todo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

AConstelación,1Annie,IBallester

  https://www.canva.com/design/DAG0cPMbELA/Y6cC56kOeVTmPlIUwnhCqg/edit?utm_content=DAG0cPMbELA&utm_campaign=designshare&utm_medium=l...