EL CAÓTICO VIAJE POR EL MUNDO
DE LAS TRES MELLIZAS
Érase una vez…
¡Ay no! perdonad, es la costumbre de empezar siempre de igual manera.
Érase una vez y
otra y otra, un montón de veces las aventuras de Anna, Helena y Teresa.
Nuestra fábula
comienza un día cualquiera en el salón de la casa de las tres mellizas, que
perfectamente podría haber sido el tuyo, así es de caprichoso el mundo de los
sueños. Las niñas jugaban con un montón de pintura mágica que habían encontrado
entre los bienes personales de la Bruja Aburrida, esa dichosa vieja que hacía
de niñera malhumorada y regañona, y que se dedicaba a castigarlas sin ton ni
son, aunque las espabiladas niñas burlaban como querían su torpe vigilancia.
Os preguntaréis
cómo han burlado las niñas a la Bruja si esta maldita vieja siempre tenía un
ojo puesto sobre sus cabezas… pues resulta que los años no perdonan y mientras
dormitaba las observaba con el ojo que menos veía, por eso nuestras amigas
pudieron eludir su torpe atención y escapar de su último castigo fácilmente.
Tras su aventura, no solo volvieron sanas y salvas, sino que guardaban un as
bajo la manga, y le habían robado la manzana envenenada a la malvada madrastra
de Blancanieves.
Bueno pues ya
sabéis que merendó esa tarde nuestra querida Bruja Aburrida, y es que de los
cuentos a los que las enviaban durante los castigos, no sólo aprendían cosas
buenas, sino toda clase de artimañas, trucos y encantamientos; cosas
maravillosas y prodigiosas pero que no siempre eran buenas, aunque sí de gran
utilidad. Empezaban a pensar que estas historias, aparentemente inocentes y
divertidas, se parecían mucho al mundo de los mayores y que había más oscuridad
de la que creían cuando eran más pequeñas, los cuentos encierran abismos que a
veces da miedo mirar. Esto meditaban mientras recordaban que fue Alí Babá quien
les había instruido en estas esotéricas artes, un tipo simpático del que no
terminaban de fiarse del todo, cualquiera de los cuarenta ladrones les parecía
mucho más confiable que aquel leñador tan taimado.
Pues bien, continuando
con la historia, las niñas pintaban sin ningún cuidado por todo el salón con
aquella pintura mágica, mientras nuestra querida Bruja Aburrida roncaba en un
rincón plácidamente ajena a todo lo que estaban montando, que más que pintar
jugaban a lanzarse colores en una especie de paintball con brochas. ¡Casi sin
darse cuenta había llegado la hora de regreso de sus padres y tenían que
recoger aquel desastre!
Con la última
campanada del viejo reloj de péndulo y el sonido de las llaves de sus padres,
que buscaban la cerradura, se apresuraron a buscar algo que les ayudase a
limpiar aquel desorden en el equipaje de la Bruja y, al asomarse a aquella
maleta de mano descomunal y pasada de moda, perdieron el equilibrio y se
precipitaron dentro… Cayeron y cayeron y, de repente, ¡plás! ¡Estaban en
Townsville! y lo que debía ser el salón de su casa era el cuarto del Profesor
Utonio.
Tres niñas de
ojos gigantescos las miraban atónitas, preguntándose qué diablos estaba
pasando, a la vez que repasaban cada detalle de esas trillizas que de algún
modo les recordaban a ellas, aunque solo fuera por el número. Cuando
consiguieron recomponerse del trastazo no pudieron creer lo lejos que habían
ido con sus jugarretas, ahora estaban en otro mundo, sin saber cómo volver a
casa y con la única persona que les podía traer de vuelta, sumida en un
profundo sueño, del que esperaban la despertasen sus padres antes de echarlas
de menos. La bruja aburrida era muy desconfiada y siempre agarraba su maleta
encantada cuando estaba despierta, por lo tanto, confiaban en que esta pesase
más y ella, sospechase que algo había dentro que no estaba antes. Seguro que
les esperaba algún castigo de la bruja a cambio de guardar silencio para que
sus padres no se enterasen de nada. En el fondo los castigos encantados de la
bruja aburrida eran muy divertidos.
Cuando acabaron
de contarle la situación a Pétalo, Burbuja y Cactus (así se llamaban estas
niñas, más conocidas como las Supernenas), no dudaron en ayudarles a regresar.
Las superheroínas no dejan a nadie desamparado y además, pensaron en lo
divertido que sería pasar tiempo con otras niñas de su edad.
Así pues, las
seis niñas fueron recorriendo todo el mundo y saltando de cuento en cuento para
hallar la forma de regresar a casa.
Remontaron montañas, descendieron por barrancos intrincados, recorrieron
selvas inexpugnables, surcaron lagos humeantes, saludaron a Marco Polo y le
compraron sedas de la China. También
ayudaron a Sancho a desfacer los entuertos que el loco de su señor a cada paso
provocaba.
Cuando estaban
rendidas se dieron cuenta, sin saber cómo, de que sus padres estaban abriendo
la puerta. Caídas en el submundo de las aventuras como estaban, inquietas,
miraron cómo volver de inmediato y, de pronto, como por encanto (otra vez,
empezaban a pensar que en el mundo de la fantasía todo era por encanto, lo que
les mosqueó un poco) avistaron un barco pirata al mando de un loco que
respondía al nombre de Capitán Garfio,
que sin la menor dilación desplegó las velas rotas de su barco, izó la
bandera negra de los corsarios y las llevó a través de mares misteriosos a una
isla llamada ¡¿Ítaca!?.
El atrabiliario
Garfio les dijo que no podía navegar más lejos, pero que les dejaba con un
amigo suyo, muy viejo, pero bastante de fiar, o eso esperaba él. ¡Oh no!, estaban en el barco del tenaz
Ulises. Aquel hombre no es que les diera demasiadas pistas de cómo podían
volver a su hogar, al fin y al cabo, se encontraba en un problema similar, pero
sí aprendieron muchas cosas de él, como su incesante empeño por volver a casa y
lo importante que era el viaje, tanto más que el destino. Este ejemplo les
sirvió como inspiración para no rendirse en su tarea.
Tras su odisea
con Ulises, hicieron escala en Troya que, la verdad, no les pareció gran cosa,
pero desde la que parecían tener una gran perspectiva para trazar la ruta de
vuelta. Creyeron que quizás desde lo más alto de esta mítica ciudad podrían
verlo todo, probablemente incluso divisar su casa, por lo que una vez allí se
subieron en algo parecido a un globo aerostático.
En este gigante
volador se encontraban Phileas Fogg y su ayudante
– ¡Llegáis tarde!
- soltó aquel caballero inglés.
–Perdonad niñas,
es la costumbre, no pretendía asustaros.
Las seis niñas se
miraron confundidas, pero enseguida se apuraron en contarle todo, al fin y al
cabo, ellas también llegaban tarde a casa. Fogg accedió a echarles una mano si
a cambio ellas le ayudaban a ir más rápido, a ese ritmo en vez de 80 días ¡serían
100! y eso tenía a Fogg en un sin vivir.
La verdad que fue
muy sencillo, gracias a las Supernenas y su capacidad de volar (por no hablar
de su fuerza desmedida), empujaron aquel artefacto a una velocidad supersónica
que hacía que, a los demás pasajeros se les pegara la espalda contra la
estructura del absurdo ingenio volador, mientras se agarraban con fuerza
intentando pestañear con esmero. Se divirtieron mucho con esa experiencia,
también fue así para nuestro querido Fogg, que llegó a su destino sesenta días
antes de lo esperado, pero como le dictaba su sentido del deber y la etiqueta
debida a su posición, decidió esperar los veinte que le restaban sin salir de
casa para evitar toda suspicacia. Se despidieron de aquel extravagante
gentleman y continuaron su viaje.
Cuando
el ánimo empezaba a decaer a nuestra querida Teresa (una de las tres mellizas)
se le ocurrió visitar otro de los cuentos que ya conocían y decidieron pedir
consejo a su querido amigo el audaz leñador persa quién les dio la solución a sus
problemas. Este amable hombre recordaba con cariño a las niñas y les contó que
en su mundo, “Las mil y una noches”, había un relato que contenía una lámpara
mágica que podría ayudarlas a conseguir su deseo de volver a casa. Fue entonces
cuando las niñas respiraron tranquilas ¡ya tenían la solución! Abrazaron y
despidieron cariñosamente a su amigo, que como sabéis no es otro que AlÍ Babá, satisfecho de haber podido ayudar a
estas desprevenidas y aventureras niñas.
Como conocían
bien el cuento de Aladino, se dejaron de zarandajas y fueron directamente a por
la lámpara mágica, frotaron y frotaron, deseando con todas sus fuerzas regresar
a casa, cada una a la suya claro, las Supernenas a Townsville y las tres
mellizas a su casa.
- ¡Totum revolutum!
- pronunció el genio de la lámpara y como por arte de magia estaban de vuelta
en casa.
Abrieron los ojos
y las tres niñas, Anna, Helena y Teresa se encontraban en sus camitas, la luz
entraba tímida por la ventana desde la cual se apreciaba un conejo blanco que
las miraba curioso.
Salieron
corriendo a mirar el salón que se encontraba impoluto sin rastro de aquella
pintura, ni de la bruja, ni de la manzana…se apresuraron a llegar a la cocina
donde sus padres las esperaban con el desayuno.
–Buenos días
hijas–, las saludaron al unísono.
Entonces se
frotaron los ojos mientras se preguntaban ¿habrá sido todo esto un sueño?
INTERTEXTUALIDAD RELATO LITERARIO
Comenzamos con “Érase una vez”, es un guiño a la serie televisiva de Once
Upon a Time.
Después tenemos la manzana envenenada y el sueño profundo en el que cae
la Bruja al comérsela, lo que nos lleva al cuento clásico de Blancanieves.
A continuación, Las Supernenas y el Profesor Utonio, se relacionan
directamente por el hecho de ser tres personajes femeninos.
De la obra de Alí Babá y los 40 ladrones, podemos ver reflejado como
éste realiza la función de maestro para enseñarles el arte de la picaresca y el
hurto, y más adelante les proporciona la solución de cómo volver a casa por
medio del cuento clásico Aladino.
Por otro lado, el hecho de que caen dentro de la maleta de la Bruja, hace
de conexión con el agujero por el cual cae Alicia y llega al país de las
maravillas, que además nos conecta con el Conejo Blanco que ven las mellizas en
el momento en el que se despiertan del sueño.
También encontramos la presencia de Phileas Fogg, personaje principal de
la obra Vuelta al Mundo en 80 días. En la que al igual que el relato de
Julio Verne, nuestras protagonistas disfrutan del camino y se divierten,
llegando a reconocer que es más importante disfrutar del camino que la propia
meta. Además, encontramos a otros personajes en las que sus obras se basan en
volver a casa como La Odisea de Homero o Don Quijote de la Mancha. Aunque
también tenemos presente a Marco Polo como un personaje histórico famoso
por sus viajes y que aparece en una de las obras literarias de Las Tres
Mellizas.
Por último, queremos destacar también la presencia del Capitán Garfio de
la obra de Peter Pan.
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