ENTRE NOTAS Y LIBROS
Lisa Simpson, de ocho años, caminaba por los pasillos de la Escuela Primaria de Springfield con el saxofón colgado a la espalda y un libro de filosofía bajo el brazo. Los ecos de las risas de sus compañeros rebotaban en las paredes, pero en su mente resonaban otras voces, más profundas: las de Kant y de Marie Curie. Mientras el mundo a su alrededor giraba en la banalidad de lo cotidiano, Lisa navegaba las mareas de un océano intelectual y emocional que pocos podían comprender.
Esa mañana había discutido con su profesor sobre las implicaciones éticas del vegetarianismo. Como siempre, su fervor por la justicia, ya fuera social, animal o medioambiental, la aislaba. En lugar de sentir la incomodidad de ser la única que veía más allá de lo obvio, Lisa se refugiaba en los personajes de su mente. Matilda, esa niña prodigio que también luchaba contra un entorno que no valoraba su intelecto, se erguía a su lado como una hermana en el espíritu. ¿Y qué decir de Hermione Granger? Ambas compartían la pasión por la justicia, ya fuera en la defensa de los elfos domésticos o en la defensa del planeta.
Ese día en clase de música, Lisa cerró los ojos y dejó que los acordes de su saxofón la transportaran. Imaginaba a John Coltrane y Miles Davis escuchándola desde alguna esquina oscura del jazz, asintiendo en aprobación. La música era su escape, su rincón personal en un mundo caótico. Tocaba Beethoven con la misma pasión que leía a Dickinson, buscando siempre ese espacio donde la emoción y la razón convergían.
Sin embargo, no podía evitar sentirse como Frankenstein en un mundo que, aunque lleno de conocimiento, también contenía sombras éticas. El progreso científico, que ella tanto admiraba, a veces venía acompañado de dilemas morales que le quitaban el sueño. Pero Lisa, al igual que Elizabeth Bennet, luchaba por ser valorada por su mente, enfrentándose a la ignorancia que la rodeaba, ya fuera en la escuela o en su propia familia.
Al llegar la tarde, se sentó en su cuarto con una pila de libros a su alrededor. Ahí estaban El diario de Ana Frank, Frankenstein y un cómic de Wonder Woman. Todos esos personajes compartían un hilo conductor: la lucha por la justicia, por la verdad, por un mundo mejor. Lisa miraba la portada de Maus, reflexionando sobre las complejidades de la historia humana y cómo, incluso en su corta vida, había llegado a comprender lo profundo y trágico que podía ser ese pasado.
Mientras el sol se escondía tras las montañas de Springfield, Lisa, con el corazón lleno de ideales y sueños, se permitió un momento para imaginar que, como Juana de Arco, lideraría alguna batalla, tal vez no con una espada, pero sí con sus palabras, su música, su intelecto. Porque, aunque el mundo no siempre la entendiera, sabía que su lugar era el de quien desafía las normas, de quien se atreve a preguntar lo que otros ni siquiera piensan. Era una exploradora del intelecto, una mente rebelde, incomprendida, pero, sobre todo, una incansable luchadora por un mundo más justo.
Referencias en el relato:
Alcott, L. M. (1868). Mujercitas.
Dahl, R. (1988). Matilda (Q. Blake, Ilustr.).
Frank, A. (1947). El diario de Ana Frank.
Lee, H. (1960). Matar a un ruiseñor.
Shelley, M. (1818). Frankenstein.
Montgomery, L. M. (1908). Ana de las Tejas Verdes.
Waid, M. (2016). Wonder Woman: Tierra de nadie. ECC Ediciones.
Spiegelman, A. (1986). Maus: A survivor's tale. Pantheon Books.
Dickinson, E. (1995). The complete poems of Emily Dickinson. Little, Brown and Company.
Austen, J. (1813). Orgullo y prejuicio.
Orwell, G. (2020). 1984 (E. L. Huerta, Trad.). Ediciones de Bolsillo.
Coltrane, J. (1965). A love supreme [Álbum musical]. Impulse! Records.
Davis, M. (1959). Kind of blue [Álbum musical]. Columbia Records.
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