jueves, 17 de octubre de 2024

CRelato, 5Chihiro. IXMolina

 El regreso de Chihiro


—“¡Vámonos, Chihiro!”, dijo su padre mientras ella miraba nostálgica aquel túnel. Ese mágico viaje finalizó, pero no del todo…


Muchos años después…


Chihiro creció, se graduó, conoció a nuevas amistades, pero jamás se enamoró, pues en su corazón seguía estando Haku, aquel niño que la salvó y la guio por aquel extraño mundo.


Una mañana, Chihiro algo nostálgica, empezó a caminar sin rumbo, hasta llegar al museo del estudio Ghibli. Impulsada por la curiosidad, nuestra protagonista se adentró por sus pasillos, hasta llegar a un extraño tren que sentía muy familiar. Ante la añoranza, la joven se sentó junto a una extraña, pero familiar figura fantasmagórica y algo triste.

Con los ojos aún cerrados, notó que alguien la observaba. Al abrir los ojos, su corazón se aceleró y sus pensamientos volaron. Era él. Haku. Ya no era un niño, era un joven apuesto con camisa blanca y vaqueros que miraba fascinado aquel recuerdo del pasado. Con el estómago revuelto, Haku quiso acercarse a ella, pero los nervios se lo impidieron.


—¿Haku?— dijo ella a lo lejos.

—¿Chihiro?— dijo él, nervioso e inseguro.

—¿Qué haces aquí?

—Me he sentido atraído por este museo. ¿Y tú?

—Yo igual.


Ambos se miraron fijamente durante unos segundos y después centraron su atención en la figura fantasmagórica que se encontraba en el centro de la sala y Haku le preguntó a Chihiro.


—¿Este no es tu amigo el Sin Cara? 

—¡Guau! Es verdad, él me dio al irme el que es ahora mi libro favorito, El mago de Oz.

—¿Qué te parece si nos damos un paseo y me cuentas todo lo que te ha ocurrido estos años?


Nuestros dos protagonistas salieron del museo y comenzaron a caminar sin rumbo, tanto fue así, que se acercó la noche y llegaron a la entrada de un misterioso túnel que reconoció Chihiro por la estatua que vio la primera vez que entró por aquel túnel.


En ese momento apareció un conejo blanco y peludo, como ocurre en el cuento de Alicia en el País de las Maravillas. Haku al ver esto, quiso ayudarlo, y entró con el conejo en el túnel.


—No, Haku, ¡no entres!— chilló Chihiro de lejos al ver su figura alejarse. 


Pero Haku ya no podía oírla. Desesperada por perderlo otra vez, Chihiro entró al túnel siguiendo sus pisadas.


Al llegar al otro lado del túnel, sus recuerdos se dispararon, y pensaron en pasar una noche allí por los viejos tiempos. 


Se dirigieron al castillo de Yubaba, y se encontraron con Lin, la cual ayudó en el pasado a Chihiro. Esta les comentó que Yubaba había muerto, y que la Casa de Baños se había descontrolado. Lin suplicó a Haku que se quedara y le ayudara. Chihiro se negó en rotundo, debido a sus traumas anteriores con sus padres ocurridos ahí mismo, por lo que salió corriendo de aquel lugar, en busca del túnel de vuelta. 


Pero, tal como ocurre en el mito de Orfeo y Eurídice, Chihiro no se acordó de aquella advertencia lejana que Haku le hizo: “corre y no mires hacia atrás, si no tendrás que quedarte en este mundo para siempre”. Por lo que, al correr y correr, y ante la incertidumbre, Chihiro miró atrás al oír su nombre.


—¡Chihiro! ¡No te vayas!— era Haku.


Chihiro, con lágrimas en los ojos, se derrumbó en medio de aquel prado, y Haku la abrazó al instante. 


—Chihiro, nunca te lo he dicho, pero hace años y años que pienso en ti, y nunca he deseado tanto tener una única vida a tu lado, y me encantaría que fuera aquí, donde nos conocimos.


—Haku, yo también llevo muchos años pensando en ti, y mi corazón solo te pertenece a ti. 


Entonces se fundieron en un beso eterno, que quedó para siempre en sus corazones.


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