RELATO LITERARIO EN RELACIÓN CON EL BINOMIO FANTÁSTICO
Donde habitan los cuentos
La caja parecía un espejo que reflejaba la curiosidad insaciable de Matilda. La niña la encontró en el desván de la biblioteca, polvorienta y olvidada entre libros viejos y páginas desgarradas. Al abrirla, un haz de luz iluminó el oscuro rincón donde solía esconderse de la incomprensión y la violencia de su familia. Aquel desván era su refugio, como el sótano de Cenicienta, aunque en lugar de ratones y pajaritos, Matilda tenía por compañía a las princesas y guerreras de sus libros.
Matilda se asomó a su interior y, como si fuera un espejo mágico, apareció el rostro de una joven sonriente, con un vestido y lazo rojo que le recordaban a la ingenua valentía de Blancanieves, rodeada no de enanitos, sino de libros. Cuando aquella figura se desvaneció como la nieve en primavera, surgió otra joven de mirada bondadosa sentada en la plaza de su pueblo devorando un libro tras otro: era Bella, viajando de una aventura a otra con solo pasar las páginas.
No supo cuánto tiempo había pasado frente a la caja, pero debía de haber sido mucho, porque escuchó en la lejanía la voz de la bibliotecaria anunciando el cierre. Matilda cerró la caja y, con ayuda de la telekinesis, la colocó con cuidado entre sus manos y bajó las escaleras. Entonces comprendió que aquella caja no guardaba ningún tesoro ni secreto ajeno: el reflejo mostraba las historias que habitaban en su corazón y las que aún estaban por descubrir.
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