“Querido abuelo:
Hace tiempo que no te escribo y hoy he sentido la necesidad de contarte cómo estoy. Espero que sigas fuerte y que el Monte Olimpo[1] esté tan hermoso como siempre. A veces cierro los ojos y puedo escuchar el murmullo de los pinos y el balido de las cabras; son recuerdos que me acompañan como un tesoro[2], casi como si un pequeño jardín secreto [3] se escondiera entre mis memorias.
Quiero que sepas que aquí en Londres[4] me encuentro bien. Al principio me sentía un poco perdida, entre calles largas y ruidos que no conocía, pero poco a poco he aprendido a descubrir su belleza. Conocí a Pippi [5] y a Sara [6] que me han abierto las puertas de sus casas y de sus corazones. He hecho muchos amigos con quienes comparto paseos, risas y hasta momentos de silencio que me recuerdan a tí, mi gran apoyo se llama Mary y me recuerda mucho a mí porque ella tuvo que irse a vivir con su tío cuando era muy pequeña[3].
Me maravilla caminar por los parques, ver a los niños jugar y sentir que pertenezco también a este lugar. He encontrado la oportunidad de aprender nuevas cosas: leer historias en la biblioteca como la de Las aventuras de Tom Sawyer[2] que son muy divertidas. También ayudo en una escuela cercana que se llama Avonlea[7] y descubrir colores y sonidos que nunca había visto.
No pienses que por estar aquí olvido nuestro hogar en las montañas. Eres mi raíz más profunda, abuelo, y todo lo que soy es gracias a lo que aprendí contigo. Pero ahora también aprendo a florecer en otra tierra
Con un cariño inmenso,
Tu pequeña, Heidi”
“Querida Heidi:
Me alegra tanto leer tus palabras y saber que en la ciudad has encontrado alegría y cariño. Nada me hace más feliz que imaginarte descubriendo el mundo, cuidando cada encuentro como si fuera una rosa única entre un millón[8], conociendo gente nueva y viviendo tantas experiencias bonitas que antes solo podías soñar. Tu felicidad es también la mía, y cuando cierro los ojos puedo verte reír, como lo hacías al correr entre las cabras.
Yo sigo en nuestra cabaña, acompañado del murmullo del viento y de los prados que tanto conoces. Cada día me parecen más hermosos, quizás porque los contemplo con más calma que antes. Siento que el tiempo aquí transcurre de manera distinta: más pesado, más breve. Camino más despacio, y en ocasiones me falta el aliento. Aun así, cada amanecer me trae un instante de gratitud por poder contemplar una vez más la luz sobre las montañas.
Miro la madera de la casa y siento que pronto necesitará otras manos, unas más firmes y jóvenes que las mías. El fuego arde todavía, pero ya no me calienta como antes, y las noches se hacen demasiado largas y me recuerdan que los árboles, aunque mueran de pie[9], sienten el paso de los años. No quiero que estas palabras te entristezcan, Heidi, pero mi fuerza se apaga con la misma suavidad con que el día se vuelve tarde.
Pienso mucho en ti, en tu risa que llenaba el valle de vida. Sé que tu lugar está ahora en la ciudad, pero algún día el Monte Olimpo [1] y la cabaña te llamarán de nuevo, no como una carga, sino como tu verdadero hogar.
Si vuelves, recuerda que aquí siempre habrá un sitio para ti. Quizá yo ya no te espere, pero mi cariño quedará en la madera, en la leña, en la brisa del prado.
Vive, ama y sonríe, Heidi; cuando mi voz calle, escucha el eco de la montaña: allí seguiré contigo.
Con profundo amor,
Tu abuelo.”
[1.] Percy Jackon
[2.] Las aventuras de Tom Sawyer
[3.] El jardín secreto
[4.] Oliver Twist
[5.] Pipi
[6.] La princesita
[7.] Anna de las tejas verdes
[8.] El principito
[9. ] Los árboles mueren de pie
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