RELATO
LA FOTO IMPOSIBLE
Era una mañana soleada en la Universidad de Alicante. El campus brillaba
entre palmeras y estudiantes con mochilas apurados por llegar a clase. En
el aula 2.2 del edificio de Educación, un grupo muy peculiar intentaba
concentrarse mientras su profesora, Galadriel, explicaba pacientemente
las bases del aprendizaje de la lectura.
—Recordad, queridos míos —dijo con su voz suave pero firme, rodeada
de un leve resplandor dorado—, leer no es solo juntar letras, sino
comprender la luz que esconden las palabras.
En la primera fila, Elsa levantó tímidamente la mano.
—Profesora Galadriel… ¿podríamos irnos un poco antes hoy? Tenemos
que hacernos la foto de la orla —dijo, con una sonrisa helada pero
encantadora.
Yoda, que apenas asomaba sobre el pupitre, asintió con sus grandes
orejas.
—Importante, la orla es. Retrasarla, no debemos
Éowyn, con su melena rubia y su porte guerrero, añadió:
—Mi señora, no quisiera faltar al deber, pero sería deshonroso salir mal
en la imagen que quedará para la posteridad.
Y Daenerys Targaryen, cruzando los brazos con altivez, sentenció:
—Una reina siempre debe salir bien en los retratos. Los dragones no
toleran malas fotos.
Galadriel los observó con su mirada sabia. Sabía reconocer la verdad en
los corazones ajenos… pero decidió confiar.
—Id, pues —dijo con serenidad—. Que la luz de Aman ilumine vuestras
fotografías.
El grupo se marchó con pasos apresurados, riendo y cuchicheando entre
ellos. En la puerta del Aulario II los esperaba Neytiri, la fotógrafa oficial
de la facultad, con su cámara colgada y la piel azul resplandeciente bajo
el sol de Alicante.
Al día siguiente, los mismos cuatro volvieron a aparecer en clase, un poco
más despeinados de lo habitual.
—Profesora… —dijo Elsa, jugando con una trenza—. Tenemos que
volver a hacernos las fotos. Salimos… raros.
—Borrosa, mi imagen quedó. En el foco, confiar no debí —gruñó Yoda.
Galadriel alzó una ceja. Algo no encajaba.
—Muy bien —dijo al fin—. Pero esta vez… dejad aquí vuestras cosas y
marchad sin tardanza.
Apenas salieron del aula, Galadriel dejó a los demás alumnos copiando un
ejercicio de lectura y, con la ligereza de los elfos, decidió seguirlos en
silencio. Cruzó el pasillo, descendió por las escaleras del Aulario, atravesó
el estanque junto a las tortugas… y vio cómo el grupo se dirigía, no al
edificio donde estaba Neytiri, sino hacia la zona del Madpilots, el bar
universitario más animado del campus.
Desde detrás de una palmera, Galadriel observó cómo Elsa pedía un café
helado, Yoda se subía a una silla para alcanzar una tostada, Éowyn
destapaba una pajita como si fuera una espada, y Daenerys daba órdenes
al camarero como si fuera uno de sus súbditos.
—¡Por el anillo de Nenya! —susurró la profesora, indignada—. ¡Han
osado mentirme!
Su luz interior se intensificó, y con paso firme entró al bar. El murmullo se
detuvo. Todos los estudiantes se giraron al verla, irradiando una presencia
tan majestuosa que hasta el ventilador del techo pareció inclinarse ante
ella.
—¿Así que esta es vuestra “foto de la orla”? —preguntó con calma
Galadriel.
Elsa tragó saliva.
—Bueno… era… una pausa artística antes del retrato.
—Una pausa muy larga, sí fue —murmuró Yoda.
Éowyn bajó la mirada.
Daenerys, sin perder su dignidad, se cruzó de brazos.
—No mentimos, Galadriel. Simplemente… reinterpretamos la verdad.
Galadriel suspiró, conteniendo una sonrisa.
—En la Tierra Media, eso se llama engaño.
Entonces, con sorprendente rapidez para una elfa milenaria, los tomó a
todos por las orejas —sí, incluso a Yoda, que chilló “¡Doloroso esto es!”—
y los llevó de nuevo al aula, cruzando todo el campus entre las risas de los
demás estudiantes.
De vuelta en clase, los sentó frente a los libros.
—Que esta sea la última vez que confundís una lección con una aventura
—dijo con solemnidad.
El grupo asintió avergonzado… aunque Elsa y Daenerys intercambiaron una
mirada cómplice.
Y al fondo, un leve destello azul se vio por la ventana: Neytiri, con su
cámara, los fotografiaba en secreto mientras sonreía.
Porque, al fin y al cabo, quizá esa sí fuera la foto perfecta para la orla.

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