lunes, 27 de octubre de 2025

CRelato, 4Ricitos de Oro , IX Coloma

 RELATO LITERARIO -El Bosque de los Cuentos Olvidados


    Érase una vez, en un bosque donde los árboles susurraban historias y los ríos cantaban versos, Pulgarcito caminaba un tanto preocupado. Había perdido su cuaderno de palabras mágicas, un libro donde cada palabra escrita podría transformar la realidad. Sin él, los cuentos que conocía estaban en peligro de desaparecer.


    Mientras avanzaba se topó con Caperucita Roja, que repasaba rimas y trabalenguas en voz alta para no perder el camino entre los árboles susurrantes. —Pulgarcito, ¿qué haces aquí? —preguntó ella—. Este bosque no es un lugar para andar sin cuidado; las palabras olvidadas pueden perderse para siempre.


     Pulgarcito le explicó su problema. Caperucita lo escuchó y propuso unirse en la búsqueda. Juntos llegaron a pedir ayuda a la casa de los Tres Cerditos, preocupados por la gran cantidad de lobos que había en el bosque.


    Decidieron ir más profundo en el bosque, hacia la torre donde Rapunzel tejía poemas en su cabello dorado. Cada hebra contenía metáforas y rimas que podían guiarles.
—Si combinamos mis versos con el diccionario de Pulgarcito, podremos recuperar todas las palabras perdidas —dijo ella mientras bajaba suavemente sus cabellos como una escalera de literatura.


    En lo más oscuro del bosque, hallaron la caja de Pandora, abandonada sobre un tronco. Pulgarcito temía abrirla, pero Rapunzel insistió:
—Dentro hay todas las historias olvidadas, pero también el conocimiento que necesitamos.


    Con cuidado, Pulgarcito abrió la caja y de ella brotaron cientos de historias volando como hojas doradas. Blancanieves apareció entre ellas, recitando con voz dulce fragmentos de fábulas antiguas que ayudaban a encajar cada palabra en su lugar. Winnie the Pooh los observaba tranquilamente desde un claro y dijo:
—No importa cuanto de grandes sean los cuentos; lo esencial es la sinceridad de las palabras y la ternura con que las usamos.


    Al final, el diccionario de Pulgarcito estaba completo de nuevo, y cada historia recuperaba su ritmo y significado. Los personajes comprendieron que la lengua y la literatura no solo existían para ser leídas, sino para ser vividas y compartidas.


    Esa noche, mientras las estrellas del bosque formaban signos de puntuación brillantes en el cielo, Pulgarcito escribió su última nota: “Cada palabra tiene poder, cada cuento tiene alma, y mientras existan quienes lean y cuenten historias, nada se perderá jamás”.


    El bosque se llenó de un murmullo suave y todos los personajes regresaron a sus historias, sabiendo que

la lengua era un puente entre mundos, capaz de unir a quienes se atrevieran a escucharla y amarla.

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