PRINCESAS SIN CUENTO
Mérida siempre fue una chica independiente con una manera de ver el mundo un tanto peculiar. Ella disfrutaba de su soledad y de su mundo interior, por lo que dedicarse tiempo a ella misma era una de sus prioridades. Mérida montaba a caballo, practicaba tiro con arco, le gustaba la naturaleza… siempre estaba muy ocupada. Sin embargo, un día, mientras Mérida cabalgaba por las tierras altas de Escocia la llamó muy apurada Rapunzel. Entre sollozos, esta le confesó que se encontraba entre la espada y la pared y que necesitaba los consejos de su buena amiga Mérida, por lo que sin dudarlo ni un instante, cogió su caballo tierra abajo hasta llegar a la torre más escondida en mitad del bosque.
Madre Gothel había salido a comprar, por lo que ambas princesas tendrían tiempo suficiente para conversar. Para sorpresa de Mérida cuando llegó a la torre, Blancanieves, Mulán, Pocahontas y La Bella durmiente también habían sido invitadas al encuentro, lo que debía significar que Rapunzel necesitaba no solo un consejo, sino que cuantos más, mejor.
Todas aguardaban en silencio impacientes por escuchar aquello que le ocurría a Rapunzel, sin embargo, lo único que sonaba de fondo era el radiocasete con Because of You de Kelly Clarkson, por lo que os podéis imaginar el dramatismo de la situación.
Cuando por fin se decidió a hablar, un sollozo proveniente de lo más profundo de su garganta no fue más que el inicio de una largo y fuerte llanto, seguido de muchos pañuelos, muchos abrazos y miradas confusas por parte del resto de princesas, que seguían sin entender nada de nada. Ante el asombro de todas, Blancanieves fue la primera en romper el silencio afirmando que esta escena le recordaba a una que había visto en la televisión la noche anterior de la serie Las chicas del cable, donde explicaba que una de las protagonistas entre sollozos le confesaba al resto de sus amigas que estaba siendo maltratada por su marido, por lo que las amigas la abrazaron y consolaron; justo como estaban haciendo ellas con Rapunzel. De repente, se hizo el silencio en la torre y Rapunzel comenzó a reírse sin parar. Ante el desconcierto de todas, Rapunzel afirmó entre risas que ella ni siquiera tenía marido, por lo que todas se echaron a reír y a Blancanieves no le quedó otro remedio que reírse también de la boba comparación que había hecho.
Dejando atrás ya el drama, Rapunzel les confesó que cada día que pasaba dentro de esa torre era un día más que sentía que se ahogaba en ella. Hacía ya tiempo que sentía que las paredes se le caían encima y que necesitaba ver mundo más allá, pero que su madre no consideraba que eso fuera lo correcto, y que si se iba la dejaría sola y abandonada.
El resto de princesas, atónitas, no podían creer lo que escuchaban.
-Vamos a ver, Rapunzel, ni que estuviéramos en Mujercitas y tu madre tuviera que decidir lo que haces o dejas de hacer con tu futuro -dijo Mulán indignada.
-Lo cierto es que no hace falta ser Elizabeth Bennet para que tu madre te diga lo que hacer o no con tu vida. Sin ir más lejos, mi madre me recuerda mucho a la tuya, también cree que puede decidir por mí. Por lo que entiendo lo que dices, amiga -confesó Mérida.
De fondo ahora sonaba en el radiocassette What was I made for? de Billie Eilish.
-¿Creéis que sería mala hija si me fuese de aquí y la dejase sola? -preguntó tímidamente Rapunzel.
-¡Claro que no! -contestaron La bella durmiente, Pocahontas y Mulán al unísono.
-Rapunzel, tienes que encontrar tu camino, y si te quedas aquí, sabes que eso jamás ocurrirá. A Matilda sus padres le prohibieron leer y mira todos los cuentos que leyó. A Blanca, en La casa de los espíritus, su padre le prohibió estar con un humilde joven y mira cómo acabó enamorándose de él igualmente -explicó Mulán seriamente.
-O Sophie, en Mamma Mia, su madre creía que cometía un error casándose tan joven, ¿y acaso Sophie no se casó porque su madre lo considerase un error? Pues eso -afirmó Blancanieves.
Mientras sus buenas amigas continuaban poniéndole ejemplos de obras literarias, películas e incluso series, Rapunzel divagaba a la vez que observaba a lo lejos el cuadro que se encontraba colgado en medio del pasillo. Fue un regalo que le hizo a su madre por uno de sus cumpleaños, en él, aparecían una madre y una hija abrazándose la una a la otra. Para esta pintura, Rapunzel se inspiró en un cuadro de Egon Schiele llamado Madre e hija. Este se lo regaló acompañado de una nota que decía “Mamá, tú y yo, siempre juntas”, pero quizás ese siempre iba a dejar de serlo muy pronto.
Rapunzel agradeció todo el cariño que durante ese rato sus amigas le habían dado, así como los consejos que prometió repetirse una y otra vez para que ninguno de ellos se le pasase por alto cuando llegara su madre. Tras una bonita despedida, Mérida se montó en su caballo, el príncipe azul vino a recoger a La bella durmiente, Pocahontas echó a andar hacia el río donde dejó su caona, Mulán se montó en su caballo Khan y los siete enanitos vinieron a recoger a Blancanieves para que no se perdiera por el bosque de camino a la cabaña.
De camino al castillo, Mérida no dejaba de pensar en todas las mujeres, ficticias o no, que durante un tiempo de su vida no pudieron ser todo lo libres que se merecían. Primero recordó a Offred, donde en El cuento de la criada era un claro ejemplo de la opresión que vivían las mujeres en el régimen totalitario. Después recordó a Anne with an E, la joven huérfana a la que no dejaban ser ella misma debido a las expectativas sociales de la época. Y por último, pensó en ella misma, y en cómo tuvo que luchar para no dejarse llevar por un destino impuesto y crear así su propio camino. Y tras mucho pensar, llegó a la conclusión de lo difícil que a veces podía resultar ser mujer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario