Relato literario: Corazón de piedra
Hace mil millones de años, Medusa consiguió escapar del templo en el que fue condenada y, no fue hasta un tiempo después, que consiguió adaptarse e integrarse en la sociedad como una humana más. Por todo el daño que había sufrido, se empezó a tomar la justicia por su mano y comenzó a petrificar a todas aquellas personas que le habían hecho daño e, incluso, a aquellas que ella consideraba que lo merecían. Evidentemente, sin que nadie lo supiese. Fue así como, poco a poco, dió origen a su profesión de escultora, hasta que, un día, alguien llamó a su puerta. Era Gamuza, una gárgola que estaba aprendiendo sobre el oficio y quería que Medusa fuese su maestra. Ella sabía perfectamente que era muy peligroso y podía destapar su verdadera identidad, pero, en cuanto abrió la puerta y la vió, no pudo evitar caer en sus encantos.
Gamuza pasó a ser su aprendiz y, con el paso de los días, las semanas y los meses, entre cinceles y piedras, encuentros en las diferentes salas y noches hablando hasta las tantas de la madrugada, fue surgiendo una historia de amor que se convirtió en el secreto mejor guardado entre las antiguas paredes de mármol del museo. Pero un día todo cambió. La inspectora Aurora consiguió dar con Medusa. Había estado muchos años investigando tras la desaparición de sus tres hadas madrinas y, por fin, había encontrado a la culpable. Solo había una manera de capturarla: a través de la lámpara de Aladdin, la cual había comprado por Wallapop un mes atrás. Esa misma noche, se coló en su casa y esperó en el baño. Lo que ella no sabía era que Medusa no estaba sola y, cuando Gamuza se levantó y fue al aseo… PAM Aurora la capturó y, al ver que se había equivocado, entró en pánico y huyó a lo Juan Carlos I.
Los años fueron pasando, de la lámpara nunca se supo nada más y esta historia de amor quedó petrificada para siempre… ¿o no?
El otro día, Medusa estaba trabajando tranquilamente un día más en el MUA. Tenía una visita con una clase de primero de Primaria y, al acabar, se fue a preparar la siguiente visita. En esta clase se encontraba Matilda, una niña de altas capacidades que le encantaba leer y que conocía la historia de Medusa y las noticias de los últimos siglos. Al ver las estatuas, comenzó a sospechar y decidió seguirla. Abrió la puerta de la sala en la que se encontraba Medusa con su mente y observó cómo se quitaba el gorro e iban apareciendo las serpientes. Rápidamente, como conocía la manera de capturarla, fue en busca de la lámpara, situada en la sala de arte islámico, y, al cogerla, liberó a Gamuza.
(Ahora, lectores y lectoras, tenéis que escoger una puerta para seguir el relato)
Desesperada, acudió a la mejor agencia de detectives privados de todo Alicante, que estaba dirigida por Anna, Helena y Teresa, más conocidas como “las tres mellis”.
- ¿Podréis ayudarme? - dijo preocupada Medusa.
- ¿Acaso no sabes con quién estás hablando? - dijo Helena con un chicle en la boca.
- Mira este diploma, ¿lo ves?, tranqui te lo leo, “Superpremio al mejor trío de detectivistas de todo Alicante city”. - puntualizó Anna.
- Así que, a callar. - añadió Teresa.
Se pusieron a cuchichear entre ellas y, en un plis plas, tenían la respuesta. Puesto que el monumento gótico más cercano era la Iglesia de las Santas Justa y Rufina en Orihuela, afirmaron que Gamuza había ido a refugiarse allí. Medusa les pagó, cogió su Aston Martin y se puso rumbo a la Vega Baja. Al llegar, la encontró posada sobre el contrafuerte de la iglesia y, emocionada, la llamó. Sus miradas volvieron a encontrarse, las lágrimas brotaban de sus ojos calando sus rostros helados y el tiempo se paralizó para siempre… ¿o no?
(Nota: además de incluirlo en este documento, se ha hecho una versión en Genially disponible en este enlace.)
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