Relato Literario:
En los Alpes, vivía una niña llamada Heidi junto a su querido abuelo. Un día, mientras exploraba un rincón del granero, encontró una caja polvorienta escondida bajo unas tablas sueltas. La curiosidad se apoderó de ella, ¡nunca había visto algo así!
Con cuidado, levantó la tapa de la caja y descubrió un espejo antiguo, con un marco de madera que parecía contar historias olvidadas. La niña emocionada se puso frente al espejo, esperando verse reflejada en él. Sin embargo y para sorpresa de Heidi, no solo vio su reflejo, sino también imágenes del pasado. Aparecían numerosos recuerdos emotivos y especiales, como el abuelo de joven o su propia madre sonriendo.
Cada vez que miraba el espejo, Heidi sentía que no era un objeto cualquiera, sino una ventana mágica al pasado, llena de emociones, amor, risas... Por las noches, mientras las estrellas brillaban sobre las montañas, Heidi se sentaba cerca de la chimenea y con el espejo sobre sus rodillas, recordaba cada momento, cada abrazo y cada aventura vivida.
Desde ese día, el espejo se convirtió en su objeto más valioso y lo llevaba consigo a todas partes. Gracias a él pudo recordar a sus familiares más queridos y sintió que ningún tesoro en el mundo podría tener un valor mayor. Además, el espejo mágico le enseñó que, aunque el tiempo pase muy rápido, los recuerdos eran tesoros que siempre podía guardar, pues el pasado no se pierde mientras haya amor que lo sostenga. Heidi aprendió que la magia más grande no estaba solo en los paisajes, sino en los recuerdos.
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