3. Relato literario
SUEÑO DE UNA NOCHE DE HADAS
Un día cualquiera Campanilla [1] se vio despertada de su profundo sueño por un tirón, y al despertarse, su bolso de polvos mágicos había desaparecido, dejando en su lugar un agujero negro y profundo. Ante esta situación, decidió lanzarse al agujero con la esperanza de encontrar al otro lado su tan preciado bolso, pero al salir no encontró nada más que una tierra completamente desconocida para ella; sus ojos no sabían hacia dónde ir, así que deambuló mucho tiempo por unos paisajes cambiantes hasta que llegó a un río de aguas brillantes, y decidió descansar. Campanilla se puso muy nerviosa, ya no sabía ni por donde volver a casa, así que lloró tanto con su aguda voz que atrajo la atención de alguien que pasaba por allí.
En un abrir y cerrar de ojos, ella se vio atrapada en un bote de cristal por un hombrecillo que vestía una túnica verde, un gorro verde y tenía las orejas puntiagudas. Ella no entendía por qué su amigo Peter [2] haría algo así, pero ese no era Peter y ella no era lo que él buscaba, así que la liberó. Él era Link [3], un niño fuerte y de muy pocas palabras que también buscaba algo que le habían robado, así que aunaron fuerzas y decidieron seguir el curso del río en el que estaban.
Su larga caminata era infructuosa, no estaban llegando a ningún lado, pero aún así seguían. De repente, el sonido de un fuerte galope sobresaltó a los compañeros que se giraron rápidamente para ver a un gran caballero rosa cargando contra ellos encima de su verde corcel. Sin decir una palabra, Link desenvainó su fiable espada y se dispuso a atacar, lo que sobresaltó al caballo, que lanzó a su jinete contra Link. Ambos quedaron inconscientes, pero el caballo se acercó a Campanilla y habló. Su nombre era Cosmo [5], y su jinete era su mujer, Wanda [6]; ellos estaban en una odisea para encontrar sus varitas mágicas, pues alguien las había robado, y sin ellas ni podían conceder deseos ni podían volver a su forma original. Así que al ver esto, todos decidieron aunar fuerzas para buscarlo todo.
La compañía iba aumentando pero esta aún no tenía un destino concreto y seguían sin rumbo alguno. Pero, de nuevo, se acercó una figura desconocida que quería ayudar al grupo y guiarlos hacia su siguiente destino. Se presentó como Ella, o Cenicienta [6] para sus enemigos, y explicó que ella también había “perdido” algo, y que podía ayudarles con su magia. Todos dudaron de ella, pues estaba sola y descalza, pero ella cogió una planta del suelo y de un soplido la transformó en un carruaje. Todos se subieron, incluido Cosmo, y se dirigieron rumbo a un bosque.
Llegaron un día después a su destino, y así dejaron que Ella se uniera. Se encontraron frente a frente con un denso bosque y justo antes de entrar en él, salieron despavoridos dos seres extraños que pedían ayuda. Se presentaron como Titania y Oberón [7], los soberanos de las hadas; ellos eran como Campanilla, pensaron todos, pero más grandes. Estos les explicaron que un ser horrendo cargado de tesoros los había desterrado de su hogar, y ahora vivía allí.
Sin pensarlo dos veces, el grupo se adentró entre los árboles, y antes de que dieran dos pasos se encontraron a un hombre pálido dormido ante un mantel de picnic. Un poco más allá se encontraba el bolso de Campanilla, dos varitas mágicas, unos zapatos de cristal y un tarro con un hada dentro. Todos fueron a recoger sus cosas de puntillas para no despertar al hombre pálido; las cogieron y regresaron, pero al pasar de nuevo por al lado del picnic, Campanilla no pudo resistir probar una de las gigantescas uvas que allí había.
Cuando la cogió el hombre se despertó y de su horrible boca salió un terrible alarido agudo que inmovilizó a nuestros héroes. Habían fallado, y tal fue la tristeza de Campanilla que Cosmo y Wanda le dijeron que por sentirse tan miserable ellos podían ser sus padrinos mágicos y concederle deseos. Ella estaba desconcertada, pero aún así dijo con su fina voz: “Deseo que todo vuelva a la normalidad”.
Campanilla se despertó de golpe. Ella estaba en su cama, y sobre su mesita de noche estaba su querido bolso con polvo de hadas. Así que confundida pero feliz volvió a dormir.
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