Un buen día, una lechuza se adentró en el mundo mágico de Narnia buscando a la Reina Blanca. Llegó hasta su posada y dejó caer de su pico una carta que decía:
En cuanto la Reina Blanca leyó la carta, se apresuró y salió de Narnia volando en su carro tirado por osos blancos hacia Hogwarts.
Llegó dos días más tarde y allí se encontró a un gran número de magos y brujas reunidos en el Gran Comedor, entre ellos podía distinguir a la Reina Malvada, Maléfica, la Reina de la Muerte y a Morgana.
Minerva les explicó a todos los presentes la situación actual y es que, la Bruja de Oeste, había creado un ejército y habían destruido El País de las Maravillas y ahora iban de camino a las tierras de Oz, para hacer lo mismo con ellas.
Reina Minerva; ¡Hay que detenerlos!
McGonagall; En efecto, señorita Ravenna. Debemos coger camino hacia las tierras de Oz y parar la destrucción de los mundos mágicos.
En cuanto sonaron estas palabras, dragones, alfombras voladoras y escobas aparecieron por las ventanas para colocarse al lado de sus dueñas y comenzar el viaje.
La Reina Blanca, que iba montada en el dragón de Maléfica, pensó en cómo podrían detener al ejército de la Bruja del Oeste.
Morgana; ¿Crees que habrá alguien conocido dentro del ejército?
Reina Blanca; Seguro.
En ese mismo momento, varios Mortífagos aparecieron e intentaron atacar a Hagrid que iba subido en su moto, así que, Maléfica, lanzando destellos verdes, consiguió despistarlos.
Un día después llegaron a Oz y, con mucho sigilo, se adentraron por el camino de baldosas amarillas.
En el camino, había algo que llamó la atención de todos, unas flores se movían y se escuchaban llantos. Al mismo tiempo, los magos y brujas desenfundaron su varita.
McGonagall; (Gritando) ¡Salga de ahí!
El león cobarde; (saliendo de entre las plantas levantando las patas) No me hagáis daño, por favor. Soy el León Cobarde y vivo aquí, en Oz, pero hace unos días llegó un grupo de personas que quieren destruirlo y… ¡Dan mucho miedo!
Reina Blanca; Tranquilízate León, vamos a buscarlos.
Así, el León Cobarde se unió al ejército de Minerva junto al Hombre de Hojalata y el Espantapájaros. A lo lejos se podían ver nubes negras que destruyen todo a su paso y, ahí, estaba la Bruja del Oeste junto a su ejército formado por Mortífagos, Sauron y Madre Gothel.
Bruja del Oeste; Rendiros y uniros a nosotros.
McGonagall; ¿Cuáles son tus planes?
Madre Gothel; (entre risas) Destruir todos los mundos mágicos para crear uno que sea el más poderoso.
Sauron; (apuntando con su mazo a los contrarios)Y… lo vamos a conseguir.
McGonagall; (desarmando a Sauron) ¡Expelliarmus!
Esto lo único que hizo fue enfadar al ejército de la Bruja del Oeste y comenzaron a lanzar hechizos.
Poco a poco los Mortífagos desaparecieron, ya que, no le obedecen a la Bruja del Oeste, sino al Que No Debe Ser Nombrado.
Sauron y la Bruja del Oeste se quedaron solos porque, Madre Gothel, aunque es bien mala, no sabe hacer magia.
La Reina Blanca, junto a Maléfica y la Reina de la Muerte, convocaron un hechizo que hizo de piedra a la Bruja del Oeste. Mientras que, Minerva y la Reina Ravenna mandaron a Sauron a la prisión de Azkabán.
Después de la batalla, se dirigieron al País de las Maravillas para arreglar todo lo ocasionado. Después de conseguirlo, el Sombrerero Loco en agradecimiento, les invitó a todos a tomar el té.
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