Pedaleaba con mi bicicleta entre el hielo, y Pipo, el pingüino emperador, me miraba aleteando sus alas. El viento era helado, pero seguíamos adelante hasta que Pipo se detuvo, y me dí cuenta que no había más camino.
Me bajé de la bicicleta, sintiendo cómo el frío se colaba por mis botas. Pipo se quedó mirándome fijamente, como si supiera algo que yo no sabía. Me acerqué a él, acariciando suavemente sus plumas frías, y entonces Pipo comenzó a caminar. Sus pequeñas patas dejaban huellas en la nieve, que desaparecían casi al instante, barridas por el viento.
Pipo avanzaba con determinación, y yo lo seguía, dejando la bicicleta atrás. Mis piernas temblaban por el esfuerzo, pero no quería perderle el paso. Nos metimos en una zona donde el hielo brillaba de manera distinta, más azul, más traslúcido. Parecía que caminábamos sobre un cristal que ocultaba algo bajo la superficie, como si fuera el Lago Espejo de Narnia, donde lo oculto y misterioso yace bajo el agua.
De repente, el suelo bajo mis pies empezó a crujir. Me detuve en seco, con el corazón latiendo a mil por hora, miré a Pipo, que se había detenido también. Intenté moverme con cuidado, pero otro crujido más fuerte me hizo perder el equilibrio.
La caída fue corta, pero el impacto me dejó sin aliento. Aterricé sobre una superficie blanda, nieve fresca, pero lo más sorprendente fue el entorno. Me encontraba en una cueva subterránea de hielo, iluminada por una luz suave. El aire era más cálido aquí. Miré hacia arriba buscando a Pipo. Él apareció en la entrada de la cueva, deslizándose con gracia, aleteó con fuerza y vino a mi lado. Se sacudió la nieve de las plumas y empezó a caminar hacia las profundidades de la cueva.
Al final de un túnel estrecho, llegamos a una gran sala con una enorme piedra de hielo cristalino que en el interior tenía un hombre. Un hombre congelado, con el corazón de hielo. Me acerqué, tocando con la punta de los dedos la superficie helada que protegía al hombre, y recordé la leyenda de El rey de la noche, ese ser cuya maldición de hielo lo había atrapado para siempre. El pingüino aleteó de nuevo, como si diera una respuesta silenciosa. Yo sonreí, recordando las palabras de Frodo en El Señor de los Anillos: "El viaje no acaba aquí". Con Pipo a mi lado, sabía que aún quedaban muchas aventuras por vivir.
El Lago Espejo de Narnia: Hace referencia a la serie Las Crónicas de Narnia de C.S. Lewis, en la que el Lago Espejo es un lugar misterioso y mágico, evocando la sensación de lo oculto bajo la superficie que aparece en el texto.
Lewis, C. S. (1950-1956). The Chronicles of Narnia. HarperCollins. (Serie de libros).
El Rey de la Noche: Hace referencia a Game of Thrones, donde este personaje está relacionado con el hielo, el frío y la inmortalidad, muy similar a la imagen del hombre congelado en la cueva.
Martin, G. R. R. (1996-presente). A Song of Ice and Fire (Serie de libros). Bantam Books.

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