jueves, 24 de octubre de 2024

CRelato, 17Pippi Långstrump. IVLlorens

  Las aventuras de Pippi




Una mañana soleada en Villa Villekulla, Pippi Langstrump decidió salir a explorar más allá de su jardín. Caminando sin rumbo fijo, Pippi llegó a un bosque denso que no recordaba haber visto antes. Entre los árboles, vio a una niña pequeña con grandes gafas, concentrada en leer un libro. La niña levantó la vista y sonrió. “Hola, me llamo Matilda”, dijo tímidamente, mientras cerraba el libro con cuidado.


“¡Qué nombre más divertido! Yo soy Pippi, la niña más fuerte del mundo”, respondió Pippi alegremente. Matilda observó a Pippi con curiosidad, admirando su seguridad y el hecho de que, como ella, parecía vivir sin adultos que le dijeran qué hacer. “Yo puedo mover cosas con la mente”, dijo Matilda, y sin más, hizo que una piedra cercana flotara en el aire y comenzara a girar lentamente frente a Pippi.


“¡Eso es genial! Yo no puedo hacer eso, pero puedo levantar a mi caballo”, dijo Pippi mientras señalaba a su amigo de cuatro patas. Las dos niñas rieron, porque aunque sus habilidades fueran muy diferentes se sentían muy similares entre sí.


Decidieron caminar juntas y pronto, desde lo alto de una colina, vieron una figura a lo lejos. Era una joven con el cabello trenzado y un arco colgado a la espalda. Matilda la reconoció de inmediato. “¡Es Katniss! La heroína de los Juegos del Hambre”. Pippi la saludó con entusiasmo: “¡Eh, tú! ¿También te gustan las aventuras?”.


Katniss sonrió, y les dijo: “Mis aventuras no son como las vuestras”, respondió. “Vengo de un lugar donde hay que luchar por sobrevivir todos los días. Pero sé lo que es valerse por una misma”. Katniss se sentó junto a ellas y compartió algunas de sus historias de lucha y resistencia. Pippi, con su característica rebeldía, le respondió: “Luchar es importante, pero no hay que perder el gusto por la diversión”.


A lo lejos, vieron un barco volador.  “¡Peter! ¿Qué haces aquí?”, exclamó Pipi, asombrada. El niño que nunca crece, con su gorro verde y su sonrisa traviesa, descendió flotando. “Vine a buscaros para llevaros a Nunca Jamás”, dijo con entusiasmo. “Hay aventuras que os están esperando y vosotros sois los compañeros perfectos para llevar a cabo nuestras travesuras. Juntos podríamos desafiar a los piratas y volar alto “¿Os atrevéis a uniros a mí?” Dijo Peter.


Las horas pasaron en nunca jamás mientras los cuatro niños compartían historias y sueños. De vuelta a la colina, cuando el sol comenzó a ocultarse, una figura en bicicleta apareció pedaleando por el sendero. Era un chico algo torpe, con una mirada soñadora. “Hola, soy Bastián”, dijo, deteniéndose junto a ellos. “Vengo de Fantasía, un lugar lleno de magia y criaturas increíbles”.


Pippi, emocionada, saltó y exclamó: “¡Todos mis amigos son asombrosos! Este día es el mejor que he tenido”. Katniss, Peter, Matilda y Bastián asintieron, cada uno reconociendo que, a pesar de venir de mundos muy distintos, compartían un mismo deseo: la libertad de ser quienes realmente eran, sin ataduras.


Al final del día, Pippi regresó a Villa Villekulla, puso un disco de Beyoncé y bailó descalza en el jardín al ritmo de "Run the World (Girls)". Sentía que su vida, aunque solitaria, estaba llena de aventuras y amigos que, al igual que ella, desafiaban el orden establecido. "Las niñas pueden hacer lo que quieran", pensó, recordando la letra de la canción Ella de Bebe.


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